CARTA ABIERTA A MI TRASTORNO DE ANSIEDAD.

De parte de un adolescente con miedo.

Hola, soy yo de nuevo. Esta vez no vengo a llorarte, ni a gritarte, ni a darte la razón. Hoy vengo a pedirte el único favor que necesito para seguir adelante. Ansiedad, eres la vocecilla de mis miedos, el asistente de mis demonios y el mensajero de mi sombra. Sólo quiero que pidas perdón por mí, en mi nombre pero con toda la responsabilidad que tienes sobre mis defectos.

Discúlpate con mis amigos, por obligarme a actuar como cachorro asustado cada vez que estamos en un lugar público. Por inyectarme con adrenalina cada vez que estamos en una fiesta y por darme descargas eléctricas cuando un desconocido se acerca. Discúlpate con mis entrenadores por hacer que corra a los vestidores sin haber acabado la práctica o tener que irme a casa por arritmias y asfixias continuas. Pídele perdón a mis profesores por hacerme parecer desinteresado, exhausto e impedirme hacer tareas o hablar enfrente de la clase. A mi pareja, por hacer que cada cita sea un campo de batalla, por cada vez que pierdo el aliento y tengo que socorrer a ella; cada interrupción de su vida por tratar de quitarte de mi espalda.

Pero, por favor, ruega por el perdón de mi familia. Quisiera que te disculparas con mis hermanos, por no acompañarlos en sus mejores momentos por tenerme amarrado a mi cama, con temor a salir de ella. Discúlpate con mis padres por aislarme de su cariño, por ahorcarme con tus largas manos cuando trato de explicarles mi mundo, por hacerme un misterio completo para ellos y, sobre todo, por haberles quitado al hijo que tanto aman.

Atentamente, tu mejor víctima.

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