El Caballero de los Cuentos


Había una vez un caballero, de los que triunfan en cuentos de todas las lenguas y de todos los lugares. Su valentía era tan grande y su espada tan temida que cansado de buscar dragones, ogros y monstruos de cuento en cuento, decidió abandonar los cuentos y venir a probar su valentía y su destreza al mundo real.
Pero cuando llegó aquí, no encontró temibles criaturas, ni malvados hechiceros que atemorizar con su espada, ni siquiera una bruja madrastra a la cual vencer. Y era muy raro, porque lo único que vio fue gente preocupadísima, con la misma cara de susto de todos aquellos que alguna vez había salvado de un dragón o de un ogro. Nadie contaba cuentos o historias ni siquiera leían y sin embargo no parecía haber nadie que les atemorizara o les obligara a vivir con aquella angustia, todos iban de un lado a otro, con prisa y sin hablar con nadie, como si algo terrible fuera a ocurrir. Pero al acabar el día nada malo había ocurrido. Y así; un día, y otro, y otro.
El caballero pensó que aquella podría ser su aventura más heróica, su más grande empresa y resolvió dedicarse por completo a encontrar el misterio de la angustia por temor de algún enemigo del mundo real. Buscó en cada esquina, preguntó en cada café, a cada hombre y mujer, en cada parque indagó, en cada edificio, también caminó en cada estación de tren, viajó y navegó, escalo cerros y montañas, pero no encontró nada. Dispuesto a no rendirse regresó a su mundo de cuentos, esta vez con barba, con más años encima habló con el gran sabio, el gran mago.
▬ Dime amigo sabio ¿cuál es el gran enemigo invisible que atemoriza a las personas del mundo real?, Aún no he podido encontrarlo, pero no descansaré hasta vencerle y liberarlos a todos como hice con tantos reinos. El gran sabio calló durante largo rato, y finalmente dijo:
▬ No tienes fuerza ni coraje suficiente para vencer esta batalla. El enemigo existe, tan numeroso como las estrellas del cielo pero no lo ven y tiene poder sobre la gente del mundo real, piensan que no existe y si vives allá, pensarás lo mismo.
▬ ¿Cómo? - protestó el caballero - ¿es eso posible?
▬ En el mundo real, como no había dragones ni ogros, se inventaron los enemigos y ahora los llevan dentro. Cada uno tiene un enemigo hecho a su medida, y está dentro de su corazón. Para unos se llama codicia, para otros envidia, para otros egoísmo, pesimismo o desesperanza, para otros se llama odio, los hombres y mujeres se aman un día y se odian por el mismo enemigo al siguiente. Han sembrado su interior de malos sentimientos, llevándolos consigo a todas partes y no es nada fácil arrancarlos de allí. Es más sencillo odiar y ser indiferente que amar y expresarlo.
▬ ¡Yo lo haré! -repuso el caballero- yo los libraré.
▬ No es tan fácil caballero-héroe de los cuentos; tu espada no es tan fuerte en ese mundo y tu armadura servirá de poco ante la arrogancia, el menosprecio y la indiferencia; pues el enemigo interior del mundo real es más poderoso e invisible.
▬ ¿Qué puedo hacer para vencer ese enemigo? ¿Si mi espada es temible y mi armadura es imponente? – preguntó el caballero.
▬ Si decides ir, tendrás que exaltar y honrar algo más que empuñar tu espada, tendrás primero que enaltecer los valores aquí mismo, aquí donde naciste, aquí, se valiente en tus cuentos e historias. Nunca olvides tu espada para defender al desprotegido y resguardar tu amor, que es el símbolo del caballero, al final baja la guardia y abraza a la mujer que te espera, dile que regresarás pronto para estar juntos, sea o no sea princesa o doncella, cumple tu promesa. Ve y enséñale a todos en el mundo real, muestra tu voluntad y enseñales a mirar dentro de ellos, hay un héroe quien no necesita una espada sino valentia como la tienes ahora tu. . .Por cierto; córtate la barba que te ha crecido bastante en ese mundo.
Así fue como el caballero regresó al mundo real, llevando consigo todas sus armas. Y uno tras otro se fue ofreciendo a cuanta persona encontraba en la calle, en los mismos lugares para liberarles de su mal interior. Pero nadie le hizo caso, sólo encontró indiferencia y caras de extrañeza. Incluso lo encerraron en una cárcel por loco. Al poco tiempo cuando salió se sentaba en las calles, le lanzaban monedas pues además de loco, parecía indigente. ¿Quien habla de valores en la calle exaltando valentía con una armadura y espada temible? Y con una tremenda barba cual indigente.
Finalmente, agotado y confundido por todo se dirigió a un parque, al ver a un hombrecillo triste que cargando unos libros se sentó sobre ellos haciendo un pequeño banco a lado de una gran piedra y dejando los otros a un lado, el caballero le preguntó que dónde podría descansar, a lo cual el hombrecillo le dijo con amargura e indiferencia sentado en sus libros:
▬ Todos los lugares del mundo están ocupados, con esas armas y atuendos te van a tachar de loco y te encerraran esta vez en un manicomio. Pero puedes sentarte a mi lado en esta piedra ▬ señaló el hombrecillo.
El caballero de los cuentos arrojó sus armas al suelo y se dirigió hacia esa piedra del camino para sentarse junto a él. Era la primera vez en mucho tiempo que alguien le ofrecía sentarse al lado suyo. Al hacerlo, tropezó con los libros desparramados por aquel pequeño hombre y fue a parar al suelo, dándose de cabeza contra el libro que leía tal personaje. Nunca en la historia de los cuentos un caballero se habría tropezado tan grotescamente que al verlo cualquiera se reiría de él, de inmediato comenzó a reir a carcajadas aquel hombre, tanto que casi no podía mantener su equilibrio.
El caballero se enojó, pero al mirar al hombrecillo, observó en sus ojos el brillo alegre que no había encontrado en el mundo real.
Y así fue como el caballero descubrió por fin la solución al mal de los habitantes del mundo real; sólo necesitaban sonreír, que los libros no sólo sirvan de asiento tambien sirvan para dar lecciones; enseñar e ilustrar la vida puede ser tan divertido como leer una historia o leer un cuento. Y al caer se vió a si mismo.
Vió que el libro que leia aquel hombre era un tomo de Cuentos de Caballeros y Dragones. Descubrió que una piedra tan exigua e inapreciable da descanso y si se comparte, se puede reir con alguien a tu lado. Una piedra es tan poderosa para enseñar a los caballeros de cuentos, como un libro a los hombres del mundo real.
Aprendió que se puede recuperar la gloria y la dignidad con historias y enseñanzas vencer al enemigo interior y desterrarlo de sus sentimientos, descubrió que una doncella puede ser el amor de su cuento y ser tan real como para compartir al lado de una piedra, y compartir la vida.
Aprendió que no hay caballeros infalibles sin caer o tropezar y que hacer reír no es cuestión de arrogarse un derecho; los héroes tambien tropiezan aunque que parezcan locos con barba en el mundo real o regresen como maestros en sus cuentos. Siempre habrá una historia para dos y para el mundo.
Desde aquel día, el caballero de cuentos, armado con una gran sonrisa y libros que le regaló aquel hombrecillo por hacerlo reír, se dedicó a enseñar y formar un ejército de libertadores capaz de recordar los valores, el amor y la alegría de vivir en cada café, en cada templo, en cada parque. ¡Y vaya si ganó la batalla! Tan brillante como siempre lo había hecho.
Al final sólo le faltaba por hacer dos cosas: regresar a su cuento y cumplir una promesa.
Dejó la espada en el mundo real para que recordaran aquellos caballeros que defendieron con su vida los ideales y la armadura para que sepan que detrás de ella existe un héroe capaz de vencer al enemigo interior más que dragones y ogros.
Finalmente aprendió que no importa que tan feroz sea la batalla, mientras haya caballeros habrá un mundo que proteger, pero mientras haya hombres habrá promesas que cumplir. Y cumplió su promesa . . . Regresó por ella pues aprendió en el mundo real que para un caballero su mujer será siempre su princesa.
¡Ah! Tambien se cortó la barba.

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